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ISSN 1989-4163

NUMERO 126 - OCTUBRE 2021

 

Pijus Magnificus Hispanicus

David Torres

Una de las profesiones con más futuro es la de hijo de papá, profesión y futuro que en España vienen triunfando aproximadamente desde el siglo XII. No es fácil ser hijo de papá, porque el apellido pesa como un fardo a la espalda, casi tanto como los millones en la cuenta corriente, los chalets a la orilla del mar, las fincas con caballos, los yates kilométricos y los contactos en la agenda. Parece que no, pero tales antecedentes son un engorro para el talento, que apenas puede crecer entre tanto abono y tanto regadío. A John Huston le preguntaron en la rueda de prensa previa al estreno de Paseo por el amor y la muerte si le había dado por nepotismo el papel protagonista a su hija Anjelica, quien no había cumplido aún veinte años y apenas había hecho algo de teatro. "Por nepotismo no, hombre" replicó Huston, "porque es mi hija".

Sabía de lo que estaba hablando puesto que a él también le había costado lo suyo que los críticos olvidaran que su padre era uno de los mejores actores de Hollywood, Walter Huston, y se centraran en su carrera de director y guionista. Aparte de las sagas teatrales y cinematográficas, en España abundan también las sagas bancarias, las empresariales e incluso las monárquicas, donde el trabajo consiste no tanto en emular los anteriores éxitos del inquilino anterior sino en intentar no emularlos. Para que se hagan una idea de lo difícil que resulta el papel de borbón máximo no hay más que recordar aquellos mensajes navideños de Juan Carlos I en los que afirmaba que la justicia es igual para todos, hablaba del deber de servir a la sociedad con rigor ético y se exhibía como ejemplo de conducta y transparencia, en especial en lo que se refiere a responsabilidades públicas y económicas. Es una lástima que no los repongan en esos programas de nostalgia televisiva junto a los mejores momentos de Pajares y Esteso.

Algo parecido ocurrió la pasada semana con las declaraciones de Santiago Isla, novelista e hijo del presidente de Inditex, quien ha sido entrevistado en numerosos medios más en calidad de hijo de multimillonario que de novelista. El joven talento se ha puesto a hablar de la escasa tolerancia a la frustración con que enfrentan la vida sus coetáneos, "por el tipo de educación que hemos recibido" dice. Al mencionar la frustración, me ha recordado a otro ilustre hijo de papá que acababa de publicar un libro basado en las experiencias de un viaje al Tíbet y contaba al público las terribles penurias que había sufrido allí, en hoteles sin piscina climatizada, sin poder comprar un Lacoste y buscando cobertura para el móvil.

Isla asegura que ha escrito el libro en sus ratos libres y el periodista no tuvo los reflejos de preguntarle cómo es que no había escrito todavía los siete tomos de En busca del tiempo perdido y, de paso, la Enciclopedia Británica. Es complicado hacerse una idea del nivel de frustración que debe tener un chaval al que se lo han dado todo hecho: los pobres sólo podemos ascender en el escalafón, mientras que los ricos siempre están condenados a ir cuesta abajo, siguiendo la secuela familiar y la estela de los millones desparramados. Conozco novelistas magníficos a los que los periódicos jamás les han dedicado una sola página, no digamos una entrevista, pero es que nunca cultivaron la cultura del esfuerzo que consiste en que el espermatozoide adecuado entre en el óvulo preciso justo en el momento del gol por la escuadra. Este verano, el hijo de Carlos Herrera se sorprendía sinceramente de que le hubieran puesto a trabajar en la misma emisora de su padre y en su mismo programa. A los niños pijos, la larga sombra de papá siempre les pilla por sorpresa.

 

 

 

 


 

 

Alberto Herrera

 

 

 

 
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